miércoles, 13 de febrero de 2013

Al morir el cuerpo, vive el alma

En el principio no había cuerpo y luego nos hicimos de una frágil, chiquitito, delicado, perfecto y nos dedicamos a descubrirlo, a acariciarlo, a etiquetarlo, a compararlo.

Luego hicimos del cuerpo una fiesta, un recipiente, un instrumento, una máscara, una novela. Se nos olvidó que se pudre, se arruga, se rompe, se rinde, que tiene fecha de caducidad temprana y lo arrastramos por la vida, por el suelo, por las camas, sacudiendo al alma en sus adentros, en sus rincones olvidada.

Cuando el cuerpo tiembla, nos acordamos del alma, de que por ahí sigue, de que tal ves ésta no envejece, o no se enferma o no se arrastra. Y nos olvidamos del cuerpo mientras danzamos con el alma, nos percatamos que no es inmune y también se rompe y se enferma y que es menos sencillo curarla. 

Y cuando muere el cuerpo, dicen que vive el alma, que esta es eterna, que no es de uno, que es una sola en conexión con todas las demás, que rejuvenece, renace, es luz y es música.

Y cuando muere el alma...el cuerpo le sigue 

martes, 12 de febrero de 2013

Sueño artificial

"A veces siento, al despertar, que el sueño es la realidad" (Molinos de viento, Mago de Oz)

El sueño artificial producido por los comprimidos encargados de mantenerme alejada de las garras del insomnio, cumplen sus promesas a medias tintas, no se que tanto me sirva quedar inconsciente por cuatro horas y despertar sumergida en una espesa niebla que tarda en despejarse otras cuatro horas.

Aún soy capaz de conciliar el sueño por mi cuenta, la lucha constante por estar de pie, por no llorar o hacerlo, por distraerme, me agota y puedo reunirme con mis demonios en mis sueños y seguir con la pesadilla o en ocasiones soñar con cosas más agradables. 

Cuando duermo la vida es más justa, hay momentos buenos, hay malos, pero pasan, como la cinta magnética de un viejo cassette, pasan y no vuelven, no hay "repeat" no existen los botones de pausa, adelantar o regresar. Los sueños pasan como debería pasar la vida. Tengo una sola oportunidad de vivirlos, ya sea que los disfrute o los sufra, que me ría o que llore, pronto terminan. 

Sueño con cosas triviales, con personas que no conozco, con paseos por caminos de tierra rodeados por árboles danzantes, con perros alegres, con bebés, con él, con el pasado, con el futuro, con mis clases, con mis libros, con poesía, con colores. En mis sueños huele a  pan recién horneado, a hierba fresca, a brisa de mar, a su piel acalorada, se escuchan violines y flautas, viejos pianos, ecos sombríos, risas y llantos...pero este sueño real solo dura dos o tres horas, debería ser una eternidad.

Despierta, tengo una sola pesadilla, mi espiral infinita, la oscuridad que me apresa, el silencio impenetrable, las cicatrices de las mentiras...un solo guión que no deja de repetirse, que no deja de perseguirme, que no dejo de sufrir, que se repite, que se regresa o adelanta y se queda pausada por periodos insoportables que parecen infinitos. Son las cuatro de la mañana y presa de esta realidad me refugio en el efecto del sueño artificial, para despertar a la misma pesadilla pero ahora cubierta de niebla, borrosa, lenta, pesada.

El sueño es mi realidad, sigo esperando mi lluvia tibia.




lunes, 11 de febrero de 2013

Espiral Infinita

Creí que estaba en un pozo, pero es una espiral infinita.

Solías decirme que no había experimentado la oscuridad o el silencio, porque no había entrado a una cueva, ahora hace días que vivo en una, ya sentí el miedo y la presión en los oídos.

Me arrastro hace días en esta profunda oscuridad de esta pesadilla que vivo y revivo despierta y dormida, en este silencio al que me has condenado, volteo hacía arriba para ver la luz, para pedir ayuda, al principio pensé que estaba en un pozo, del cual podría salir.

Ahora me di cuenta que no es un pozo, es una espiral infinita y mientras avanzo el piso se torna mas resbaloso, más inclinado, es más difícil asirse del suelo, las paredes han desaparecido. Lo intento todo pero entre más tiempo en vela acumulo, más abrupta es la pendiente a la cual trato aferrarme.

Me tienta soltarme, rendirme, usar las manos para abrazarme por ultima vez y dejar de luchar, creí que me arrastraba lentamente en la espiral hacía arriba, ahora me doy cuenta de que cada vez estoy más profundo, me domina el miedo a no ver la luz de nuevo, a soltarme.

Solo escucho a lo lejos la caída de la lluvia tibia, sigo pidiéndole a Dios que la traiga a mi de nuevo.

Creí que estaba en el fondo, pero caigo en una espiral infinita.

En el cerro más grande

Te lleve a cuestas, te dejé arriba...te espero aquí abajo.

Caminé hasta el cerro más grande, marcado por una cruz, testigo de tanto dolor, pensé que el cerro y yo nos haríamos buena compañía.

Tomé de entre tus cosas la que menos significó para ti, la hoja "de jade" que te regalé pensando que la llevarías contigo junto con las noches llenas de muerte y cempazuchitl, creyendo que me veías, me tocabas y me amabas a mi; pero era a ella. Yo le di significado a esa hoja y ahora se la iba a regalar al monte, a la tierra, iba a enterrarte junto con ella.

Caminé mucho tiempo, el viento frío me heló la nariz, llegué hasta la cima y lloré para despedirme de ti, de tanto dolor, de la ira, de un poco de rencor. Me senté en una roca y apreté entre mis manos la hoja, pensé en enterrarla pero recordé el último árbol que pasé en el ascenso, "la vida si que es un espejo", un mezquite que se aferraba a una erosionada roca y que parecía seco por completo, pero de la punta de sus quebradizas ramas brotaban pequeñas hojas pálidas que daban fe de que no había muerto aún.

Los árboles siempre lo han sido todo para mi, son metáforas perfectas, historias infinitas, seres mágicos; bajé hasta él, me cubrí bajo su sombra unos segundos, respiré su aire y te dejé en la más profunda de sus ramas donde solo un rayito de luz te iluminara, esa misma luz que te envío en mis oraciones, la misma luz que no veo desde hace tantas noches.

El resto del descenso fue difícil, fui llorando esta pequeña muerte mientras me aferraba a las piedras, fui dejando el dolor atrapado en los matorrales, esta tierra árida lo absorbe casi tan bien como al agua Llegué al camino aún con coraje, pensando en lo injusto que era tener que pasar por esto, sentirme así, pero el viento helado me calmó un poco, "vamos por un café", olvidé que iba acompañada, y me despedí del cerro más grande, de ti, del dolor, de la ira, de un poco de rencor.

Un sorbo de café y de luz...te espero aquí abajo.

domingo, 10 de febrero de 2013

Sonata en claro de luna

Apenas me atrevo a salir de la cama...

Los sábados son de lluvia tibia, pero no más sobre mi cabeza, este sábado salí de nuevo, me tomó mucho más de lo creí, llegue a un nuevo consultorio, éste me dio menos miedo, trate de darme a entender entre sollozos, sigo siendo pequeñita.

Entonces, sin aviso, se escuchó el piano, y poco después la sonata que me baño de claro de luna, siempre que la escuché, abrí los ojos y miré al cielo, a los árboles, siempre sonreí y puse más atención al viento rozando mi cara. No ahora, desde la primera nota cerré los ojos, no fue para disfrutarla, fue miedo, terror, sabía que la sonata me iba a desgarrar el alma, pero no me resistí, resistirse es inútil.

Entonces ahí, sobre esa incómoda silla, en ese pequeño cuarto, junto a un perfecto extraño, sentí como Beethoven me había leído la piel y me lanzaba despiadado, con cada nota, flechas ardientes de dolor puro, no las esquivé, apreté los puños y la vibración de la sonata me sacudió como el más terrible terremoto, me sentí rodeada de un fuego frío que me paralizaba, trate de respirar... pero no pude, volví a sentir el dolor de perderte, de tus palabras, de tu despedida, de mi casita vacía, de las cajas llenas de cosas, del engaño, de las mentiras; mientras el corazón hacía un esfuerzo por no salirse del pecho, sentí que mi cabeza era una bomba de tiempo y trate de sostenerla entre mis manos, pero caí al suelo.

Seguía la sonata inundando el cuartito, al igual que mi llanto, aunque tenía cerrados los ojos creo que me ví desde fuera, vi el miedo en los ojos del extraño, me vi la piel erizada, la espina curvada, las manos entre mi pelo, las arcadas por todas aire, lo vi todo, como en una película, y mientras seguía la sonata flotando en el aire, junto conmigo.

Las últimas notas, las últimas punzadas, poco a poco pude tomar aire de nuevo, no pude dejar de llorar, recuerdo haber pensado "ahora si perdí la razón" y regresar a mi cuerpo, a la oscuridad tras mis ojos cerrados. la sonata y su claro de luna se esfumaron, el piano siguió, también mi miedo.

Los sábados son de lluvia tibia, pero no más sobre mi cabeza, sigo siendo pequeñita.

Apenas me atrevo a salir de la cama...

viernes, 8 de febrero de 2013

Deseos para el 11 de febrero

A tres días de mi cumpleaños, solo quisiera bailar bajo la lluvia tibia

Hoy amaneció y seguía en la cama despierta, mi mente se esfuerza por mantener al cuerpo y al alma pegados con un engrudo de preguntas y adivinanzas, de sueños confusos y claros, de oraciones largas y repetitivas, pero creo que no ha dado resultado, lo único que sucede es que no puedo dormir.

Quisiera como regalo de cumpleaños: una dosis fuerte de verdad, de esperanza, un poco de lluvia tibia que me llene de esperanza o una flecha mortal que me la quite por completo, quiero una linterna para andar en la oscuridad de mi mente y un tranquilizante para que deje de esforzarse tanto por mantenerme de pie, quiero unos tenis más duros, de muchos colores, quiero un paquete de incienso para traer de vuelta a mi alma, quiero que se de cuenta de que soy su destino y que vuelva.

Deseo que este 11 de febrero se nuble como siempre pero que estés aqui como nunca


jueves, 7 de febrero de 2013

En posición fetal

Soy de nuevo como una niña: pequeñita.

Desde que me di cuenta, me sentí chiquitita, pero fue hoy que me di cuenta por qué. 

Los niños pequeños responden a todos los estímulos con solo dos opciones: o se rien o lloran, si los estímulos no son graciosos, entonces la respuesta a todo es llorar, cuando tienen hambre, cuando sienten dolor, cuando creen que se han quedado solos, cuando se sienten frustrados, cuando tienen sueño; no me ha pasado nada gracioso hace mucho tiempo, por eso no me río.

Los niños pequeños casi nunca se dan cuenta si les mienten, y cuando se dan cuenta su dolor es tan profundo que nunca te vuelven a ver igual y por eso a partir de ese momento te preguntan lo mismo muchas veces, para sentirse seguros. Yo sigo pensando que no me mientes.

Los niños pequeños solo viven el ahora, no les importa si "todo se va a solucionar",  si "las cosas pasan por algo", si "se te va pasar", si "No era para ti" o el "tiempo lo cura todo", si les duele en ese momento lloran, gritan, patalean, y no tímidamente, sino hasta enrojecerse, toser, vomitar, desfigurarse, rendirse y al final olvidar a la fuente del dolor.

Soy como niña pequeña y si todo el tiempo me siento triste, no sonreiré y si todo el tiempo me da miedo, me mantendré escondida, y si todo el tiempo me duele, no pararé de llorar, y si no puedo pensar en otra cosa y la esperanza y el optimismo no están aún mi vocabulario, entonces no me resistiré, como agua fluyo en mi infantil y auténtica depresión, y cuando me rinda entonces volveré a pensar en el futuro, hacer planes y leer cosas positivas y motivantes, y dejaré de sentirme chiquitita.

Soy de nuevo como una niña: pequeñita.